Realmente queremos cambiar?
Ultimamente se habla de una Reforma de la Constitución.
No me parece mal, y casi que la apoyo.
Pero para meternos en ese baile, le veo gusto a poco.
Yo no me preocuparía tanto del parlamento, que acepto se puede reducir un poco, pero no olvidemos que, hoy por hoy, tener el país dividido en 19 republiquetas no tiene ningún sentido y es carísimo.
Me dirán que el interior del país tiene arraigado el localismo departamental.
Y puede que sea verdad, pero es justamente el interior el que genera la plata y la comida y sería el mas beneficiado, si rompiéramos con el centralismo montevideano.
Con 4 Departamentos, sería mas que suficiente y ahorraríamos mucho mas, incluso en diputados.
Fiscalías, jefaturas, juzgados, Juntas Departamentales, municipios, juntas locales, dependencias de todo tipo, incluyendo entes autónomos comerciales al santo botón. (como AFE) y que encima, algunos pierden dinero (como ANCAP portland) desde hace décadas.
Es una idea que tengo hace muchos años.
Con la tecnología actual, no tiene sentido el país de principios del siglo 20, donde apenas si había electricidad, ni soñar con internet.
Tenemos 99% de electrificación, 99% de comunicación de internet de alta velocidad.
Tenemos más territorio en el agua que en la tierra y no lo podemos patrullar, gracias al FA.
Buena infraestructura de carreteras, aeropuertos, etc.
Podríamos actualizar el sistema educativo público y privado con la alta tecnología que disponemos y casi no usamos.
Aulas virtuales, con los mejores docentes, que lleguen a cada rincón del país sin importar cuantos estudiantes tenga.
En fin, ya entramos en el siglo XXI, hace un cuarto de siglo, y acá seguimos navegando en dulce de leche.
Lonjazo
1 Comments:
Estamos de acuerdo en que Uruguay necesita muchas reformas. Pero como la Reforma 2029 no puede abarcarlo todo, proponemos algunos cambios esenciales y mecanismos que faciliten futuras transformaciones. Entre ellos, reducir el número de funcionarios públicos, los sueldos y privilegios de la clase política, limitar el tiempo de permanencia en los cargos del Estado, exigir idoneidad y establecer responsabilidades civiles y penales. También proponemos bajar las mayorías requeridas para las iniciativas populares e incorporar la firma electrónica, quitando el monopolio de la participación a los grandes partidos y sindicatos. Queremos un Tribunal de Cuentas independiente y con verdadero poder de control, prohibir los contratos secretos, exigir ficha limpia, eliminar las listas sábana y terminar con el aporte estatal de 12 dólares por voto, una vergüenza nacional. La Reforma 2029 será apenas el comienzo de los cambios que Uruguay necesita para volver a ser un país viable. Y, a mi juicio, también es imprescindible revisar la actual diagramación territorial, hoy convertida en una estructura costosa e ineficiente.
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