Y parece que fue ayer.
Ochenta y dos años.
Cinco de junio de 1944, comenzaba el inicio del fin, de imperio del mal que prometía mil años de barbarie nazi.
El General Eisenhower daba la orden de iniciar el Desembarco de Normadía, que empezaría por liberar a Francia para después liberar Europa y al mundo de la bestia nazi.
Ciento cincuenta mil soldados, casi niños en su mayoría, americanos, canadienses, franceses libres, ingleses, americanos voluntarios, se lanzaban a la batalla mas grande y brutal de la historia humana, que se zanjó con decenas de millones de muertos y un continente devastado.
El bien salía a enfrentar al mal una vez mas, pero a una escala nunca antes vista.
El siglo XX fue la bisagra de la humanidad.
Dio le peor imaginable y también lo mejor.
Dio bestias diabólicas como Lenin, Stalin, Hitler, Mussollini, Mao, Pol Pot, Castro, el Che, asesinos sin medida, con objetivos irrealizables.
El maligno estaba en la tierra con diferentes caras, y una canasta de ideas para su fin.
Pero dio también grandes hombres, Eisenhower, Churchill, Montgomery, MacArtur, Nimitz, Patton, De Gaulle, dirigiendo millones de valientes cuyo nombre desapareció atrás de la bruma de los implacables bombardeos masivos.
Dio también santos, como Pio XII, Juan XXIII, Juan Pablo II. Este último, hizo caer el imperio comunista con una Cruz y una sonrisa como armas.
Dio también millones de
Grandes hombres que el Altísimo nos dio para defender el bien y la libertad, que hoy golpeada, sigue luchando por existir.
Lonjazo.

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